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La agricultura, la gran ausente en el debate sobre el Estado de la Nación
Vida Rural Núm. 331. En Carta del Director. Julio de 2011
20-7-2011
Jaime Lamo de Espinosa - Director de Vida Rural

«Siempre que presencio el debate sobre el Estado de la Nación me queda una punta de amargura al comprender la escasa, poca o nula importancia que nuestros líderes le otorgan a la agricultura en sus palabras. Al igual que en otras veces que tengo narradas en estas cartas, en este debate hemos escuchado muchos discursos, muchas palabras pero a la postre de agricultura, nada. Y me sigue resultando incomprensible»

 

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Jaime Lamo de Espinosa
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Querido lector:

Varios hechos se unen hoy en esta carta que será la última antes de la dispersión veraniega. Tales hechos se refieren a:1) lo agrario en el debate sobre el Estado de la Nación, 2) lo agrario en la cumbre del G-20 en París, 3) los transgénicos en las conclusiones del debate y 4) la sesión de AEFAO del pasado 29 de junio sobre la volatilidad de los precios alimentarios, que envuelve todos los temas anteriores.

Siempre que presencio el debate sobre el Estado de la Nación me queda una punta de amargura al comprender la escasa, poca o nula importancia que nuestros líderes le otorgan a la agricultura en sus palabras. Al igual que en otras veces que tengo narradas en estas cartas, en este debate hemos escuchado muchos discursos, muchas palabras pero a la postre de agricultura, nada. Y me sigue resultando incomprensible.

Primero, porque, aunque solo fuera por interés electoral, algunas palabras merecen los sacrificados agricultores y ganaderos de este país. Segundo, porque el sector está atravesando una dificilísima coyuntura desde hace años con rentas en declive y márgenes comprimidos y eso merecía algún consuelo y alguna reflexión al respecto. Y tercero, porque en otros países ocurre todo lo contrario y los protagonistas del sector FAO son atendidos por los poderes públicos con interés.

La anomalía de nuestros debates se ha hecho más patente en esos mismos días, por cuanto, al tiempo que aquí el sector era ninguneado, en Francia el presidente Sarkozy reunía al G-20 para estudiar el grave problema del alza de las materias primas agrarias a nivel global y su repercusión en el hambre y los suministros alimentarios del mundo. La situación se mostraba tan grave que, a su término, el G-20 adoptó un histórico acuerdo para doblar la producción agrícola mundial.

Y ello en base a cinco puntos: 1) producir más, con más inversiones privadas y mayor I+D+i en nuevos tipos de trigo; 2) mejor y más transparente gestión de los mercados para evitar acciones especulativas; 3) evitar barreras comerciales a la exportación para proteger el mercado interior; 4) llevar a cabo una acción contra los especuladores que operan en los mercados de futuros y derivados de materias primas agrarias, dejando en manos de los ministros de Economía del G-20 las modalidades de actuación y 5) tratar de crear un suministro permanente de alimentos para casos de emergencia, lo que probablemente precisaría stocks de seguridad. Todo ello responde a los anuncios hechos por Sarkozy en Davos este año cuando afirmó «el alza de los precios de los alimentos es el gran riesgo mundial».

Por eso, en esa reflexión académica se puso de manifiesto el clamoroso silencio sobre nuestra agricultura en los discursos del Congreso.

Hablaban en Francia en el G-20 de la seguridad alimentaria mundial y aquí haciendo caso omiso a nuestro papel y el de nuestra agricultura en esta crisis de oferta que el mundo está viviendo por razones varias: mayores demandas, demandas de alimentos más occidentales, mayor demanda de trigo, maíz, oleaginosas, etc., para bioenergías, alzas especulativas sobre los precios vía derivados, cambio climático, etc. De hecho, media Europa sufre este año de una fuerte reducción de cosechas básicas por mor de la gran sequía europea.

Y lo que ya resulta un sarcasmo es que, en ese contexto, el Congreso apruebe, a propuesta de ERC, un registro obligatorio y público de las parcelas de terrenos españolas sembradas con cultivos transgénicos.

Otra vuelta de tuerca a los transgénicos para demonizarlos y atemorizar a los consumidores y a los agricultores limítrofes.

¿Hasta cuándo vamos a seguir con este proceso loco de anatematización de las biotecnologías? No se ha hecho ni con la clonación ni con las células madre, con ninguna. Por favor lean las, muy puestas en razón, declaraciones de la profesora Pilar Carbonero, de la Real Academia de Ingeniería (ABC. 27.6.2011) donde nos confirma cómo la tecnología de los transgénicos hoy la aceptamos sin duda para la obtención de medicamentos –es el caso de la insulina que se inyectan los diabéticos–, y como también nos recordaba la profesora Carbonero, con toda razón, hablando de la E. coli, que «jamás ha habido una alarma alimentaria asociada a los transgénicos».

A estos temas consagramos la mañana del día 29 de junio numerosas personas en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de Madrid, bajo el auspicio de AEFAO, –tras escuchar cuatro brillantes exposiciones de los profesores Pedro Urbano, Carlos Buxadé, Alberto Garrido y Mª Dolores Curt– concluyendo que el riesgo de desabastecimiento en productos vegetales y en producciones animales, crece en el mundo al amparo de la expansión demográfica, de la mejora de rentas familiares, de los cambios en la dieta, de la alta especulación financiera sobre los derivados de materias primas alimentarias, ahora tan en boga, de los cambios climáticos, etc. La reflexión no es diferente a la anterior porque es unánime en el mundo. Y frente a ello solo cabe aumentar las producciones vía riegos y vía transgénicos, ya que no debería imaginarse un escenario con más deforestaciones o más abonados químicos. Y en el campo de los transgénicos o si se quiere de las biotecnologías, Europa está quedando, por estos falsos temores y amenazas, fuera del mercado y muy superada en I+D+i por el avance de las empresas chinas o norteamericanas.

La agricultura y la ganadería van a desempeñar un papel prioritario, esencial, en las próximas décadas si queremos evitar un conflicto mundial causado por hambrunas generalizadas. Y para ello España, como los demás países, tiene que definir sus prioridades para ser científica y tecnológicamente altamente productiva, eficiente y rentable.

Lo demás será como escribir en el mar… Seamos serios, estamos hablando del futuro de la humanidad.

Un cordial saludo.

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