"La dimensión de nuestras cooperativas -con honrosas excepciones- es escasa. Hablamos de una facturación "media" de unos 4 millones de euros en España frente a 19 en Francia, 277 en Suecia y 1.346 en Dinamarca. Tenemos que crecer, porque hoy la comercialización alimentaria, la cadena de valor es una guerra entre grandes".
Querido lector:
Las cooperativas agrarias -sobre las que habría que escribir y estudiar más dada la enorme importancia vertebradora de la actividad agraria que tienen- acaban de celebrar su VI Congreso bajo el lema "somos futuro". He tenido la oportunidad de acompañarles en Zaragoza presentando allí una ponencia y escuchar importantes aportaciones, entre otras la de su director, Eduardo Baamonde, antiguo y preclaro alumno mío en la Universidad, y que formuló reflexiones muy interesantes dignas de ser leídas y estudiadas.
Las cooperativas agroalimentarias españolas son hoy mucho más de lo que parecen. Hay demasiado silencio sobre su actividad, su trabajo, su presencia en los mercados nacionales e internacionales. No olvidemos que hay casi 4.000 cooperativas que integran más de un millón de socios y que facturan -ellas solas- el 40% de la producción final agraria (17.000 millones de euros), generando unos 100.000 empleos fijos y eventuales. Solo esas cifras deberían hacernos reflexionar sobre la trascendencia de este sector.
Los Príncipes de Asturias acudieron a inaugurar el Congreso -buenos reflejos- y S.A.R el Príncipe pronunció unas palabras que merecen ser comentadas. Habló de «admiración, apoyo y afecto», del XX aniversario de la organización, del peso del sector alimentario, de su capacidad exportadora, de la calidad y la gastronomía, de la competencia exterior y la globalización, del aumento de la demanda mundial como nueva oportunidad, de los valores de solidaridad, transparencia y funcionamiento democrático, de la protección que nuestra Constitución les otorga, y terminó afirmando que «sin el cooperativismo muchos ganaderos y agricultores difícilmente podrían mantener y promover su actividad». Así es; este me parece el meollo de su intervención, del mensaje y de porqué son "futuro".
Pero señaladas estas cualidades y potencialidades no seríamos justos si no mencionáramos algunas cuestiones que deben ser cambiadas, que deben ser objetivos primordiales para la próxima década. La dimensión de nuestras cooperativas -con honrosas y meritorias excepciones- es escasa. Hablamos de una facturación "media" de unos 4 millones de euros en España frente a 19 en Francia, 277 en Suecia, 1.026 en Holanda y 1.346 en Dinamarca. Tenemos que crecer, hay que ser más grandes porque hoy la comercialización alimentaria, la cadena de valor es una guerra entre grandes. Y para ello hay que integrar cooperativas de primer y segundo grado en grandes operadoras. Y para eso no cabe seguir con diecisiete leyes cooperativas autonómicas sino con una sola de ámbito nacional que permita e impulse, más allá de los taifas autonómicos, grandes cooperativas interautonómicas, de amplio espectro en productos, marcas y territorios. Y eso solo se hará si las cooperativas lo piden a sus respectivos Gobiernos y al MARM.
La segunda cuestión es la de las marcas. Solo las marcas potentes amparadas por producciones abundantes y seguras permiten una negociación que equilibre las fuerzas de las partes. He dicho muchas veces que la agricultura y la ganadería sufren hoy por lo que llamo "la doble presión inversa", es decir la presión de los proveedores de inputs para subir sus precios a sus clientes agroalimentarios y la de la gran distribución para bajar los precios de sus proveedores. Eduardo Baamonde dijo en el Congreso que las Top10 de la agroindustria española habían multiplicado su cifra de facturación en el periodo 1987-2007 por 4,2 mientras que los Top10 de la distribución lo habían hecho por 11. Esos son datos, hechos, frente a los cuales se impone aumentar la dimensión y potenciar las marcas para luchar con ventaja o de igual a igual con las marcas de la distribución.
En conclusión, lo que nos depare el futuro tendremos que escribirlo nosotros mismos, nadie lo va a hacer en nuestro lugar. Y la reflexión realizada en Zaragoza invita al cambio, a la mejora, a la lucha por el mercado. Enhorabuena a todo el mundo cooperativo, a sus socios y sus dirigentes, así como a sus gestores nacionales. Están haciendo un buen trabajo. Lo demuestran día a día.
Un cordial saludo
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