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Juan Pedro Domecq, grande y excepcional persona y ganadero
Vida Rural Núm. 328. En Carta del Director. Mayo de 2011
15-5-2011
Jaime Lamo de Espinosa - Director de Vida Rural

«Buscaba el 'toro artista' y lo buscaba por los vericuetos de la genética, de la ciencia, de la informática, de todo lo que la ciencia y la tecnología que había estudiado le aportaban y conocía perfectamente. Por eso se ha podido escribir de él que era "el hombre que susurraba a sus toros" sí, y que el toreo de hoy es en buena parte fruto de su creación metódica, investigadora, tecnológica del mundo taurino».

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Jaime Lamo de Espinosa
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Querido lector:

Cuando ya comenzaba a escribir esta carta me llega la triste, dolorosa, terrible noticia de la muerte del gran ganadero y aún mejor persona Juan Pedro Domecq Solís, una muerte accidental, por un choque frontal automovilístico que se lleva el alma de un hombre ejemplar y el ánima de quien llevaba años rehaciendo la fiesta a partir del toro de lidia, de ese animal bravo tan poco respetado últimamente.

Conocí a Juan Pedro como alumno mío en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de Madrid, a cuya promoción 107 perteneció acabando con el número 28 de 117 alumnos. Fue alumno mio casi por casualidad (yo era solo de dos promociones anteriores a la suya y un año mayor) pues aquella fue la primera promoción a la que enseñé -creo- Estructura Económica Agraria de España y ello porque mi profesor titular -diríamos hoy- Luis García de Oteyza dejó sus clases al ser nombrado para un cargo de designación de Consejo de Ministros.

Fue Juan Pedro un buen alumno, un excelente alumno y -creo- un excelente compañero entre sus compañeros. Se hacía querer. Le salía el Domecq amable y caballeroso por los poros. Pienso que fue el primer Domecq que dejó Jerez muy joven para estudiar en Madrid "su" carrera, la que a él más le convenía, la más identificada con su familia y con los negocios históricos -caballos, vinos, toros- de esa gran familia. Y fue un magnífico alumno. Y ha tenido que morir a pocos días de esa otra fecha en la que hace años fallecieron, también en Semana Santa o vísperas, aquellas cuatro chicas llenas de vida, María José, Valvanera, Esperanza y Patricia, nietas de su tío Alvaro Domecq Díaz, en la mejor edad y en lo mejor de su belleza e inteligencia.

No mantuve trato frecuente con Juan Pedro pero alguna vez nos vimos y hablábamos de sus viñedos, de los vinos, de los caballos por los que tenía pasión, pero sobre todo él me hablaba a mí -gran desconocedor de la Fiesta pero gran entusiasta y admirador de la misma y de su necesidad para la conservación del toro bravo- de los toros, de "sus" toros, de su manera de entenderlos y mejorarlos. Hablando con él se notaba el gran impacto científico de la carrera, de su formación universitaria, en la búsqueda de ese ideal de toro bravo hecho para la plaza, para el torero, para el disfrute. Buscaba el "toro artista" y lo buscaba por los vericuetos de la genética, de la ciencia, de la informática, de todo lo que la ciencia y la tecnología que había estudiado le aportaban y conocía perfectamente. Por eso se ha podido escribir de él que era "el hombre que susurraba a sus toros" sí, y que el toreo de hoy es en buena parte fruto de su creación metódica, investigadora, tecnológica del mundo taurino. Por eso sus amigos criadores han dicho de él que fue "un pionero". Y por eso escribió y nos legó su precioso libro que conservo: "Del toro a la bravura".

Me he sentido unido a él en estos años, no solo por ese orgullo que tenemos los viejos profesores de nuestros alumnos que triunfan y por esa extraña amistad que nos unía casi sin vernos, sino porque en él se compendiaba la historia de lo mejor de nuestra Fiesta. Una Fiesta que aquí algunos rechazan, mientras que Francia -¡oh, paradojas!- aprueba cuatro días más tarde de la muerte de Juan Pedro -el 22 de abril- la inscripción de sus corridas en sus lista del Patrimonio Cultural de Francia. A él le hubiera gustado leerlo, vivirlo.

Todos los ataques a la fiesta, a las corridas, a las ganaderías, a todo, no han sido capaces -hasta ahora- de evitar que los efectivos de toros de lidia hayan crecido desde 1990 hasta hoy, alcanzando su máximo en el año 2003 con 33.072 reses. Desde ese máximo las cifras han caído lentamente. Pero estoy seguro que el buen criterio de técnicos, científicos, aficionados, criadores, toreros, etc., hará que siga siendo España y no Francia el país que lidere esta fiesta, una fiesta por la que hace unos pocos días también clamaba en su favor el famoso embajador inglés y ex ministro de Exteriores de su país, el muy hispanista Lord Garel-Jones pidiendo se legalice la Fiesta en Reino Unido.

Una Fiesta, la de los toros, por la que tanto luchó y con tanto acierto y empeño Juan Pedro Domecq y en cuyo tortuoso camino halló la muerte embestido, no por un toro como hubiera deseado, sino por un triste y malhadado camión. La Fiesta hoy le llora y con él los que le quisimos y admiramos.

Descanse en paz.

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