«Hay que crear una nueva "tabla salvadora" -como lo fueron los Pactos de la Moncloa en 1977- para dar la máxima credibilidad a España, sí, a la "marca España", ante los mercados mundiales. Transmítase confianza hacia fuera y hacia dentro y pronto veremos cómo la situación cambia»
Querido lector:
Acaba el año 2010 y se anuncia ya 2011. El primero nos deja con más pena que gloria. El segundo llega cargado de incertidumbres. Comenzamos el año actual alarmados en lo económico y lo terminamos en "estado de alarma" constitucional, que, ojalá, cuando aparezca esta carta haya finalizado. Seguimos padeciendo una crisis económica de alta intensidad, donde el paro no decrece ni se estabiliza, las primas de riesgo se elevan, los mercados apuestan hoy y dudan mañana, el paro agrícola alcanza máximos nunca conocidos. Y eso tras pasar un año donde los concursos de acreedores, las desapariciones de autónomos, la continuidad en la paralización del mercado inmobiliario, el recorte de los presupuestos de inversión en obra civil, etc., muestran una economía con síntomas claros de no ir hacia la recuperación anhelada.
Y así, cuando creíamos que acabaríamos con un cierto crecimiento sobre el año anterior y con menos paro, parece que las cifras del PIB se obstinan en tasas suavemente negativas y el desempleo no quiere cambiar su comportamiento. Paro aún más grave si lo referimos a la tasa entre los jóvenes, los cuales, además, según el último Informe Pisa, reciben una inadecuada enseñanza, que nos sitúa doce puestos más abajo en el ranking que en el año 2000. Ello sin computar los numerosos puestos que hemos perdido en los rankings de toda índole existentes hoy en prestigiosas instituciones para situar un país en términos de competencia, crecimiento, libertades económicas, etc.
Pero también otras voces de fuera nos lanzan sonidos inclementes, casi truenos, cuando nos indican que debemos acelerar la contracción del déficit, recortar más el gasto público, reducir la función pública, evitar duplicidades, recrear el mercado único, realizar activos significativos -como las participaciones del Estado en AENA u otras- e incluso el todopoderoso Trichet nos urge a reformar, de una vez por todas y sin ambages, el mercado laboral -aquella reforma no fue tal- y el sistema de pensiones. Y por si todo ello fuera poco, el riesgo país repunta de nuevo y las gasolinas alcanzan máximos desde 2008 pese a que el petróleo roza ya los 100 €, siendo un 38% más barato que entonces. Esto, además de ahogar el crecimiento mundial de no frenarse, alimenta nuestra inflación y, en consecuencia, deteriora el consumo, que si bien mejorará algo en esta quincena navideña -sí, navideña, no otra cosa son estas fiestas- caerá en picado tan pronto entremos en la empinada cuesta de enero de este año. No es pues de extrañar que el FMI alerte de un "futuro más incierto que nunca" para Europa.
Sí, para Europa. Pero el resto del mundo tampoco está calmo. Está ciertamente convulsionado económica y geoestratégicamente. Las dos Coreas; los problemas de Irán; una China que se encierra frente a un Liu Xiaobo Nobel de la Libertad; Venezuela, Cuba, Afganistán, Argelia, Marruecos, etc. uniéndose en un frente antilibertad, un EE.UU. debilitando su apoyo a Israel por el tema de los asentamientos, lo que agrava la tensión en la zona; todo ello marca también una senda de ruptura de algunos equilibrios básicos mundiales que están quebrándose o, al menos, fisurándose.
Y sin embargo tenemos, debemos, mirar hacia 2011 con esperanza. Hay que crear una nueva "tabla salvadora" -como lo fueron los Pactos de la Moncloa en 1977- para dar la máxima credibilidad a España, sí, a la "marca España", ante los mercados mundiales. Transmítase confianza hacia fuera y hacia dentro y pronto veremos cómo la situación cambia. Es la única forma de generar optimismo y confianza.
En Estocolmo acaban de otorgarse los Premios Nobel. Nos debemos alegrar por nuestro Mario Vargas Llosa, tan español en su reconocimiento de ese preciosista trabajo literario. Pero hay que buscar en los tres premios de Economía la solución a nuestros problemas. Ellos son Peter A. Diamond, Dale T. Mortensen y Cristopher A. Pissarides. Han sido premiados por sus investigaciones en los llamados "mercados con fricciones de búsqueda" (seachs markets), como lo es el mercado laboral. Incluso uno de ellos, Pissarides, hace unos años en un viaje a España nos advirtió que el subsidio de desempleo en nuestro país es demasiado alto y demasiado largo en su duración, lo que no estimula el trabajo, así como que la tasa de temporalidad de nuestros contratos es una de las más alta de Europa. Argumentos que refuerzan la exigencia de Trichet de reforma del mercado laboral.
Sí, en esas y otras reformas, radica mi esperanza de una nueva "tabla salvadora" para un mejor 2011. Sobre todo si los dos partidos mayoritarios, lejos de sus antagonismos políticos, buscaran sus coincidencias en la adversidad, para llevar adelante programas comunes en materia de reducción de gasto no productivo, de aumento de inversión pública (regadíos y otros), de unidad de cuencas hidrográficas, de reforma laboral, de sistema de pensiones, de reforma educativa, de austeridad autonómica, de algunas cuestiones de política exterior, etc. etc. Y sí, me gustaría, de verdad, comenzar 2011 en ese nuevo clima político y económico, fuera ya de las alarmas, de todas las alarmas. Confío en así sea aunque me tachen de optimismo excesivo. Muy Feliz Navidad y todo lo mejor para el nuevo año 2011.
Un cordial abrazo.
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