«El envejecimiento en el mundo rural no es lo mismo que en el urbano ni tampoco los servicios sociales. El mundo rural debe tener sus respuestas y a ellas deben adaptarse las políticas. Buen momento este para esta reflexión cuando tan poco falta para unas nuevas elecciones generales»
Querido lector:
Acabó agosto. Un verano agitado en lo agrario, lo económico, lo político...todo. Leyendo con la calma que permite el descanso veraniego la prensa diaria el ánimo se conturbaba día a día. Una Tercera de ABC (5 de agosto) del profesor Antonio Torrero Mañas nos advertía sobre nuestra dificilísima situación económica y sobre cómo el factor tiempo ha venido operando en nuestra contra desde el inicio; más tarde los agricultores franceses del sur atacaban nuevamente nuestros camiones cargados de verduras y frutas; después el hambre se extendía con gran velocidad por esa parte que es el Cuerno de África siempre tan flagelada; mientras, nuevos informes nos advertían sobre el desplazamiento de flora y fauna en todo el planeta como consecuencia del calor; otros informes nos pronostican nuevas crisis alimentarias por el gran desplazamiento de maíz desde su uso como alimento a su utilización como combustible, sobre todo en el mayor productor y exportador del mundo, que es EE.UU.; en medio de esas tormentas otras climatológicas dañaban duramente la zona vitivinícola de Requena con granizos del tamaño de "huevos" rompiendo lunas de coches y dejando un paisaje invernal en las viñas, y afectando duramente a unas 2.500 ha en su cosecha de este año y en la madera y yemas del próximo. Solo la visita del Papa Benedicto XVI aportó algo, mucho, de paz y serenidad a la vida española pese a los intentos de aquéllos que también quisieron politizar este éxito mundial, global, del Papa, de la Iglesia y de la JMJ.
Como tales hechos en verano perturban el descanso que uno busca afanosamente, siempre trato de llevarme unos libros de lectura interesante y reposante. Entre ellos he podido disfrutar del que ha escrito un gran catedrático de Sociología Rural y gran amigo, Benjamín García Sanz y que recomiendo. A mí me ha hecho meditar. Se titula "Ruralidad emergente, posibilidades y retos" (MARM. Serie Estudios. Nº 175. 538 páginas).
Todo el mundo sabe que, por vez primera desde el final de la guerra civil, la población española está decreciendo. A ello contribuye la escasez de nacimientos y un flujo migratorio negativo. Y el resultado es menos población y cada vez más envejecida. Y buena parte de esa población en paro, con abundancia de paro juvenil. Pues bien, el sociólogo y demógrafo García Sanz profundiza, en ese contexto, en la sociedad rural y su discurso nos lleva entre dos caminos, el de aquéllos que ven el final de la sociedad rural y el de otros que nos hablan de la revitalización rural, fruto de la escasez de trabajo en el mundo urbano, de la expulsión de activos de la agricultura por su propia modernización y porque aquéllos que se quedan -o vuelven- tratan de encontrar otros modos de vida. Según su teoría, son los antiguos rurales que se convirtieron en urbanos los que vuelven, conscientes de las "bondades que encerraba la vida de sus pueblos". Y son éstos los que recuperan sus casas abandonadas. Porque además, cabe vivir en el pueblo y trabajar en la ciudad, como hacen muchos jóvenes. Y a ellos se unen ciertos inmigrantes extranjeros. Y para ello parte de una afirmación que me ha gustado: "lo agrario sigue siendo la matriz de la ruralidad".
El análisis de García Sanz es muy amplio. Sus capítulos sobre las rentas rurales y el envejecimiento rural son notables. Sobre las rentas rurales nos advierte que casi no existen informaciones serias al respecto, pero él las investiga y construye. Nos dice que uno de cada cinco euros de rentas ingresa el mundo rural frente a cuatro el urbano. No es poco. Pero lo verdaderamente original es cuando nos desvela que el mundo rural ya no es agrario en el sentido de que depende cada vez más de los servicios y de la industria; "la agricultura se caracteriza por una crisis creciente en términos de renta". Y así nos describe la fuerte caída de los ingresos agrarios y, al tiempo y por necesidad, la pluralidad de los ingresos familiares rurales. Las familias agrarias diversifican cada vez más sus fuentes de ingresos como lo hace la actividad agraria, cuyas rentas no son percibidas solo por los agricultores a título principal, sino por agricultores a tiempo parcial.
Y cierra el libro con el estudio de la población joven, femenina y envejecida. "El mayor rural vive en una situación muy distinta al mayor urbano". Pero en los pueblos la población mayor rural está también feminizada (78-92 varones por cada 100 mujeres) aunque menos que en la urbana, es decir hay una relación más equiparada que en la ciudad donde las mujeres mayores predominan sobre los hombres. Y en los pueblos hay más mayores y estos alcanzan más edad (24% de más de 80 años en rurales frente a 21% en urbanos). Y eso, unido a que a veces sus hijos están ya lejos, les hace plantearse su envejecimiento de forma distinta a como lo hace el urbano. Y quieren seguir envejeciendo en su pueblo no en las casas de sus hijos en la ciudad. Como remata García Sanz "la respuesta al envejecimiento rural puede ser una buena solución para evitar que decaiga la vida en los pueblos... hay soluciones dentro de la propia localidad que se deben explorar". Pero para ello es necesario concienciar a los mayores que sus recursos son para eso, para gastarlos en su bienestar, y si no ahí están los hijos que les pueden, les deben -sí, deben- ayudar a financiar este gasto. Ojo, el envejecimiento en el mundo rural no es lo mismo que en el urbano ni tampoco los servicios sociales. El mundo rural debe tener sus respuestas y a ellas deben adaptarse las políticas. Buen momento este para esta reflexión cuando tan poco falta para unas nuevas elecciones generales.
Hasta aquí mis líneas de hoy. Espero que hayan disfrutado de unas merecidas vacaciones. Y ahora a trabajar... como siempre...
Un cordial saludo
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