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La silenciosa crisis de nuestra agricultura
Vida Rural Núm. 316. En Carta del Director. Octubre de 2010
13-10-2010
Jaime Lamo de Espinosa - Director de Vida Rural

"Estamos cediendo año tras año potencial productivo a favor de otros países europeos que lo capturan poco a poco. El caso de la remolacha es quizás el más paradigmático, pero también lo es el de la leche de vacuno, la carne de ovino, el algodón, etc."

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Jaime Lamo de Espinosa
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Querido lector:

He tenido la oportunidad de hablar, hace unos días, sobre la "silenciosa crisis de nuestra agricultura" con ocasión de la XXI edición de las jornadas que Asaja organiza en Palencia desde hace veintiún años. Y he podido hablar con muchos agricultores, esa tarde y la mañana siguiente, escuchar sus preguntas en una sala donde había cerca de doscientas personas, y he viajado -una vez más- por Tierra de Campos, uno de los territorios agrarios más apasionantes de España, esa asolanada y cuarteada estepa cerealista, el viejo granero de España, "tierra de campos, campos de tierra" sólo rotos por el canal de Castilla, la gran obra de la ilustración, siempre infrautilizada y por el viejo románico palentino siempre bello y luminoso. Me unen a Tierra de Campos demasiadas raíces viejas de trabajos, inquietudes y preocupaciones, que siempre he guardado con afecto en una etapa de mi vida de llena de gratos recuerdos personales.

Pero de ese viaje por el corazón de la España agraria traigo percepciones que me inquietan, porque agravan, aún más, lo que los fríos datos revelan. En ese mundo cerealista por excelencia, se sembraron en 2009 un 25% menos de hectáreas cerealistas en toda la comunidad autónoma; se obtuvieron 1,3 millones de toneladas de trigo, cayendo un 56% respecto al año anterior, y 1,1 millones de cebada, un 60% menos que la campaña anterior. La disminución en origen de los precios antes de la siembras, los altos costes de los fertilizantes o del gasóleo, etc., indujeron esos cambios. Además, la remolacha viene reduciéndose año tras año, cuando antes era el gran cultivo de la zona, acompasando ese triste andar al nacional, como lo refleja que se han perdido en las últimas décadas más de la mitad de la producción de azúcar. Y para colmo siguen cayendo las ventas de carne de ovino -también el consumo- por razones estructurales y la leche de vacuno por sus fuertes minoraciones de precios. Y así el VAB agrario de la comunidad se ha reducido en -10,8%.

Sólo dos hechos pueden hacer que las cosas mejoren: 1) que sigan subiendo las subvenciones, que alcanzan hoy la cifra de 1.000 millones de euros, que salvan año tras año la renta agraria, aunque eso hace depender la subsistencia de la agricultura castellana de estas ayudas de la PAC; y 2) que la alta volatilidad de los mercados -a los que aludía en mi última carta- mejoren los precios agrícolas en una tendencia largoplazista, dadas las demandas crecientes globales, y eso haga renacer la vieja agricultura cerealista castellana. Han mejorado su dimensión de explotación, están bien dotados mecánica y tecnológicamente y pueden, si quieren, mejorar su dimensión negociadora integrándose en lo comercial.

Pero lo que más me ha impresionado no son los números fríos. Conozco Tierra de Campos y sus pueblos -no solo la parte palentina- desde los años 70 y, creo, que la conocía bien. Pero el cambio en la vida de los pueblos hoy impresiona. Sí, hay que recorrer los pueblos, los núcleos de población para darles cuenta de la revolución demográfica existente. Hay en Palencia unos treinta o cuarenta núcleos (no municipios, núcleos, aldeas) con menos de diez habitantes y todos ellos son de edad muy avanzada. Incluso puede que sea peor, porque allí sucede también lo que en otros lugares, que ese censo no se corresponde con los habitantes reales del pueblo, pues figuran personas que no habitan en la localidad, por ejemplo muchos agricultores que viven en la capital, o que por auténtico "romanticismo" antiguos habitantes del pueblo siguen censados allí.

La edad y el tan reducido número de personas los hacen candidatos a su próxima desaparición. Y la causa última de tal despoblamiento no es solo el atractivo de la gran ciudad sobre los jóvenes, lo que impide la sucesión al frente de la explotación, es sobre todo la falta de renta, de ingresos que hagan la actividad suficientemente atractiva para la población. Y no se si somos -son- conscientes de que estamos cediendo año tras año potencial productivo a favor de otros países europeos que lo capturan poco a poco. El caso de la remolacha es quizás el más paradigmático, pero también lo es el de la leche de vacuno, la carne de ovino, el algodón, etc.

Y en medio de esa situación, la Comisión Europea da luz verde a la firma de un nuevo acuerdo con Marruecos, que se ha construido sobre las espaldas de nuestros agricultores tomateros, muchos de los cuales han desaparecido ya, acuerdo que -de firmarse- liberalizará el 55% de las importaciones procedentes del reino alauí. No es de extrañar que ante ello la Federación Española de Productores y Exportadores de Frutas y Hortalizas (Fepex) haya manifestado su absoluto rechazo. Y no olvidemos que seguimos teniendo en el horizonte la amenaza abierta de avanzar en los acuerdos con Mercosur, lo que se acordó, sorprendentemente, en Madrid bajo la Presidencia española.

Pero algunos, en cambio, hacen muy bien sus deberes. El eje franco-alemán ya ha presentado su alternativa a la PAC más allá de 2013. En esa PAC nos jugamos mucho. Decía yo en Palencia que era necesario que España uniera su voz y su estrategia a la de Francia, Italia, Portugal y, si fuera posible, Alemania. Pues bien, hete aquí que ya nos han ninguneado. La propuesta no cuenta con el apoyo de España, probablemente ni hemos sido llamados. España tenía que haber estado ahí y ser parte importante en este juego. Por ahora parece que España ni está ni se la espera...

Un cordial saludo.

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